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Invierno en un refugio de montaña
En su práctica totalidad los refugios de montaña pertenecientes a la Federación Aragonesa de Montañismo (FAM) tienen una "pequeña" peculiaridad que mucha gente no conoce: permanecen abiertos todo el año. Este hecho, bajo la mentalidad del habitante de una gran urbe o de un pueblo situado en tierras bajas, puede carecer de importancia e incluso formar parte de la vida cotidiana. Sin embargo, a más de 2000 metros de altitud las cosas no son tan simples. A esa altura y en invierno, donde el vehículo rodado más próximo está a más de 3 horas a pie, no es precisamente el hombre el que dicta las normas. En estos casos, lo único que se puede hacer muchas veces es, sencillamente, "aguantar el tirón".

El trabajo de un guarda de refugio en época invernal no es en absoluto fácil. Cuando el invierno extiende su mano y aprieta con fuerza las tierras altas de nuestro país, vemos en muchos medios de comunicación un listado de temperaturas mínimas registradas capaces de helar a cualquiera solo de mirarlas, rachas de viento que hacen tambalearse árboles milenarios y precipitaciones en forma de nieve como no habíamos visto hacía tiempo. Siempre, en los extremos más duros de estos registros climatológicos, aparecía un refugio de montaña.

Este hecho no es precisamente una casualidad o una noticia puntual. Los refugios de montaña forman parte de la red de observadores de primer nivel de la Agencia Estatal de Meteorología. Así, además de la toma diaria de datos climáticos, se realiza semanalmente un corte de nieve para analizar las condiciones y composición de la columna de nieve caída. Esta última medición, trabajosa sin duda de realizar, es imprescindible de cara a poder conocer con la mayor precisión posible el riesgo de aludes en nuestras montañas.




Pero el trabajo diario a esa altitud es mucho más amplio. Hay que tener muy presente que el mantenimiento de estas instalaciones no es fácil. Las condiciones climáticas extremas desgastan y afectan a hombres y máquinas, haciendo difícil el trabajo de los primeros y castigando los diferentes engranajes de las segundas. Además, los traslados de suministros hasta los refugios se complican por la presencia de la nieve, teniendo que ser el propio guarda quien los portee a la espalda en su mochila.

Abrir en invierno sin embargo no es un capricho de la FAM, sino que responde más bien a una filosofía y forma de entender qué es un refugio de montaña. Como instalación deportiva que es, destinada al desarrollo de los deportes de montaña, debe ser concebida, diseñada y gestionada para cumplir ese fin. El montañismo es un deporte de invierno y verano, y es por este hecho que la FAM entiende que las puertas de sus refugios deben estar abiertas para acoger a los montañeros en todas las épocas del año. Así mismo, la presencia de un guarda en un punto ‘avanzado’ dentro del entorno de montaña proporciona información de primera mano sobre el estado de la nieve, y con ello de las características técnicas de las rutas, además de servir de enlace y apoyo a los grupos de rescate en caso de accidente. En montaña la información, más que poder, es seguridad.



Es grande sin duda el esfuerzo físico y económico que realizan los refugios de montaña en invierno, a fin de conseguir que el montañero que hasta ellos se acerca encuentre un lugar acogedor en medio de un entorno que es tan maravilloso como hostil. Sirvan estas líneas como reconocimiento hacía todos aquellos que con su trabajo diario hacen esto posible.

Comité de Refugios FAM
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Gobierno aragon




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